Proyecto de Pastoral

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Proyecto de Pastoral 2017-03-19T10:28:17+00:00

Introducción

Este proyecto pastoral surge con la intención de ofrecer los elementos imprescindibles para concretar un Plan de Animación Pastoral en todos los Centros. Supone un marco común con el resto de centros educativos de la Provincia de San Vicente de las Hijas de la Caridad que quiere contribuir a la comunión entre los centros, así como a la tarea compartida que se traduce en diálogo, análisis compartido de la realidad y enriquecimiento en la narración de los métodos y programas propuestos.

Se trata de un documento que tiene otro marco, a su vez, en el documento “Escuela Vicenciana en Pastoral” que lo vincula a la acción educativa de las Hijas de la Caridad en toda España. Las opciones pastorales fundamentales se desprenden de esta referencia documental.

Sus planteamientos están en estrecha relación con el “Proyecto Educativo para los centros vicencianos” del que éste trata de ser complementario.

Es fruto del trabajo y la reflexión compartida con los representantes de todos los Equipos de Pastoral y su trabajo a lo largo de distintas sesiones durante el curso 2007-2008 y tiene una pretensión de alcance de tres años.

Punto de partida

La fecha citada sirve como reconocimiento para todos los participantes en el proyecto, como punto de partida de trabajo pero, fundamentalmente, como referencia explícita al momento cultural en el que nos encontramos y que es el que tenemos encomendado como ámbito para la educación y la evangelización.

El principio de Encarnación nos hace acogerlo con mirada serena y analítica en el que reconocer posibilidades y urgencias de renovación. Los tiempos que nos han tocado no son ni mejores ni peores que otros. Son fruto de una evolución lógica que configura el transcurso de la historia y que nosotros percibimos como Historia de la Salvación.

En ella distinguimos dinámicas que hablan del proceso de evolución del Reino de Dios y otras que nos urgen a mostrar nuestra propuesta educativa y pastoral como alternativa de sentido.

La primera mirada se detiene en el nuevo paisaje, siempre cambiante y dinámico. Quizá especialmente convulso en las últimas décadas, hasta el punto de que parece complejo tratar de identificar los rasgos de hace apenas un puñado de años.
Hemos descrito nuestra cultura desde diversos mitos procedentes de la cultura griega que ponen palabra a los intentos de comprensión y valoración de la realidad.

Sísifo fue condenado a elevar permanentemente una piedra hacia la cima de la cual se deslizaba: una y otra vez en el mayor de los absurdos. Nunca logrará nada, pero es que no hay otra felicidad. Es la máxima aspiración de sentido a la que puede acceder la historia humana. Si se asume, es posible realizarse en muchas dimensiones. Pero antes, hay que rebelarse contra las iglesias y los dioses para facilitar el acceso a la plenitud.

Dionisio era el hijo bastardo de Zeus. Tuvo que huir ante la persecución de Hera. Ésta lo destruye, pero logra resurgir: reflejo de la concepción del tiempo y de la historia. Debe huir de Grecia y en su éxodo descubre el cultivo de la viña. Mientras espera regresar a su patria, va regalando el don del vino y con él la fiesta sin control y el remedio para olvidar lo amargo de la existencia. Una oportunidad, al menos, para vivir con intensidad pequeños momentos donde encontrar algo de felicidad y sentido para olvidar lo amargo de la existencia.

Procusto era un bandido del Ática que había construido en su casa un lecho de hierro. Tras invitarles a su casa, al término de la cena los tendía sobre el lecho de hierro. Ajustaba la cabeza al catre de la cama de manera que si sobresalían por la otra parte las piernas o los pies, se los cortaba para que el cuerpo se acomodase al tamaño de la cama. Si, al tender a una persona en la cama, no llegaba a la cabecera y a los pies, los descoyuntaba. En lugar de acomodar la cama al tamaño de las personas, hacía que éstas se ajustaban a las medidas de la cama.

La mitología dice que Procusto murió a manos de Teseo, quien le aplicó el mismo castigo que él infligía a sus víctimas.
Narraciones con las que se intenta poner palabra a la dificultad del hombre para la comunicación cuando parte de unos patrones prefijados de comprensión de la realidad. A la dificultad para superar los estereotipos y las formas de pensamiento propias.

Cada uno de nosotros parecemos convocados a interpretar lo que percibimos y experimentamos desde unas coordenadas prefijadas y establecidas y de características individuales que dificultan la comprensión, el establecimiento de acuerdos comunes y la aceptación de límites que no sean los auto-impuestos.

Prometeo fue encargado junto a Epitemeo, para la distribución de las facultades, de manera equitativa entre todos los seres de la creación. Pero una vez que los animales fueron dotados de las necesarias para acomodarse a la naturaleza, aún faltaba armar al hombre de las precisas para su desarrollo y ya no quedaban cualidades para ser repartidas.

Ante esta situación Prometeo decidió engañar a los dioses robando algunas del Olimpo, incluido el fuego que era símbolo de la sabiduría que sólo correspondía a los dioses.

Por esta razón se hizo capaz de reconocer la presencia de los dioses, y logró adquirir el arte del habla. Le faltaba, sin embargo, la capacidad política, razón por la cual siempre quedó condenado al enfrentamiento y a las dificultades en la convivencia.

Con este mito, el griego pretendió dar razón del especial papel del hombre en la creación y su especial dignidad, al tiempo que nos sirve para entender algunas de las claves culturales de la actualidad. El hombre, partícipe de lo divino, pretende haber recibido todas las facultades necesarias para actuar como un dios, sin referencia alguna a limitaciones. De la misma forma, corre el peligro de divinizar algunas de sus dimensiones como la corporal, la estética, la juventud o los propios criterios, dificultando la convivencia para la que carece del suficiente entramado político.

Esta descripción narrativa también nos permite la comprensión de la actual vivencia de la religiosidad. Se vive como amalgama de elementos tomados de diversas comprensiones que se unifican en un sistema de creencias personalizado y hecho a la medida de cada individuo.

Estamos en tiempos que dificultan asumir las cosmovisiones de las grandes religiones y sus sistemas de creencias. Las confesiones de fe se hacen personalizadas sin el salto a sentirse partícipes de una religión oficial.

Junto a esta dinámica se cumplen los últimos pasos del proceso de secularización que conduce a reducir la religión a la esfera de lo privado. Al tiempo que, en el ámbito público, el espacio ocupado por las religiones queda ocupado por otras formas de sensibilidad trascendente como puedan ser las expresiones de identidad deportivas, musicales o ecológicas.

Se trata, en definitiva, de un resurgimiento del paganismo, un término donde confluyen multitud de manifestaciones, pero en el que es posible distinguir rasgos que permiten identificar mejor el fenómeno:

  1. Religión de la naturaleza, concebida como organismo vivo con fuerza propia, que se basta a sí mismo y que será lo que permanezca por encima de culturas y religiones. Por tanto, puede prescindir de toda concepción de un Dios personal que intente conceptualizarlo y que lo haya creado. Basta con el “algo debe haber más allá”.
  2. Reencarnación en múltiples formas. Al igual que no hay creación, tampoco hay resurrección. El miedo a la muerte hace que sea más llevadera si se le considera como paso.
  3. Celebración de la Vida que inunda a todos los seres en una visión panteísta. De esta forma la Vida se convierte en el nexo común para todos. Se trata de una religión verde preocupada por el equilibrio frente a la manipulación de la técnica y a la concepción cristiana que fomentaba la manipulación de la creación.
  4. Yo humano concebido como naturaleza y vida, por ello debe buscar su equilibrio en este marco, desde la armonía que lo vincula al cosmos. La búsqueda del equilibrio pasa por la búsqueda de experiencias liberadoras del sufrimiento.
  5. Moral del respeto a la Naturaleza y a los otros, pero sin limitar la libertad del individuo tal y como hemos descrito.
  6. Sacralización de la naturaleza y ausencia de un dios personal, que abogan por el politeísmo. Esta concepción permite una mayor creatividad y flexibilidad. Explica la diversidad de manifestaciones a lo largo de la historia, y se ofrece abierta al hombre para acoger su evolución y sensibilidades. El politeísmo, concebido de esta forma, garantiza el respeto, la comunicación y el encuentro entre hombres. Este politeísmo es sinónimo de pensamiento fragmentado donde se asimilan concepciones de distintos orígenes religiosos, incluso integra convicciones contradictorias.
  7. Religión del optimismo y de la esperanza. Como la salvación no va a venir desde ninguna instancia exterior, los hombres deben apoyarse sobre sí mismos. Apostar por lo individual es una oferta fiable.
  8. Eliminación de toda expectativa de sentido global a lo vivido, como consecuencia de lo anterior. El azar es la mayor certeza que puede esperarse.
  9. Supresión de la responsabilidad ante la culpa, ya que la realidad del hombre es tan circunstancial que parece exagerado pretender una.
  10. Alejamiento y práctica exclusión de vivir la historia personal como vocación, como tarea a desarrollar. Aún menos si requiere un proyecto a largo plazo.
  11. Concepto de tiempo condensado en lo fugaz. La experiencia religiosa se asocia a instantes de profunda emoción y sentimiento marcados por lo efímero.

En este panorama nuestras convicciones creyentes se ofrecen como un tesoro que nos permite recuperar los valores de la cultura en la que estamos sumergidos, tomando conciencia de otros que son carencias en el panorama actual:

  1. La convicción de que todos los capítulos de nuestra historia personal configuran un itinerario que ofrece sentido y que puede ser interpretado como Historia de Salvación.
  2. La presencia en esta historia de un Dios personal que nos nombra de manera individual y concreta otorgándonos identidad.
  3. El mensaje del Resucitado que genera una esperanza y un motivo para el compromiso y el cambio de estructuras, dado que la última palabra de la realidad no está determinada por el dolor y el sufrimiento.
  4. El testimonio de Dios, a través de la Encarnación del Hijo, que nos ofrece un modelo de plenitud y felicidad en el servicio al otro y el amor desinteresado.
  5. El testimonio de muchos creyentes que ya han vivido con intensidad y altura su compromiso de bautizados marcando itinerarios que pueden ser secundados por otros.

Este tesoro en vasijas de barro, es mensaje de amor depositado en nuestros brazos, labios y creatividad para generar sentido en aquellos que precisan el mensaje del Evangelio para encontrar plenitud en sus vidas.

Opciones pastorales

Hemos adoptado tres criterios fundamentales a la hora de diseñar nuestro proyecto pastoral.

Las cinco acciones del Pueblo de Dios

El primero parte de una reflexión acerca de nuestra identidad como pueblo de Dios. Valoramos la Iglesia como sacramento, signo de Dios, como imagen visible del amor que tiene a los hombres.

Por esta razón, hemos estructurado nuestro proyecto en torno a cinco dimensiones que describen las acciones propias del pueblo de Dios con las que realiza su tarea de mostrar a Dios y hacerlo presente entre los hombres.

Hablaremos de la Iglesia, la encargada de perpetuar la oferta de Dios, a través de quienes han acogido la invitación al seguimiento:

  1. La comunión, o el servicio orientado a lograr la armonía del hombre con su Dios en todas sus dimensiones, de modo que la Iglesia se eleve como el signo de la unidad que ansía todo hombre.
  2. La misión o el anuncio y testimonio que brota de la experiencia gozosa de haber descubierto el rostro de Dios.
  3. La catequesis como oferta para estructurar la fe recibida y dar razón de nuestra esperanza.
  4. La liturgia que invita a celebrar comunitariamente la presencia de Dios en la historia y lo cotidiano.
  5. La caridad, o el servicio destinado a hacer palpable el amor que devuelva la dignidad perdida a los más necesitados.

Con esta estructura perseguimos dotar a nuestras propuestas de todos los elementos que llevan a la integración de la fe de manera plena. En el proyecto pastoral lo hemos articulado a través de los objetivos y las líneas de acción.

La catolicidad expresada en la preocupación por todos los destinatarios.

Queremos que nuestros centros educativos sean una propuesta firme para todos aquellos que toman contacto con nuestra actividad.

De esta forma acogemos nuestra identidad católica, como esfuerzo por llevar la Buena Nueva hasta los confines de la tierra, que, en este caso, se traduce en los últimos rincones de los corazones de los creyentes.

Por eso hemos estructurado nuestro proyecto tomando en consideración todos los niveles educativos posibles, todo el personal contratado y la comunidad educativa en general.

Esta convicción pastoral queda expresada en la secuenciación de las líneas de acción, así como en las fichas de programación.

Una programación pastoral amplia.

Queremos construir una oferta que no se limite a una programación de actividades puntuales, sino que implique la colaboración conjunta en la generación de un “ecosistema”. Aspiramos a generar un clima en el centro educativo en el que sea posible impregnarse de una serie de actitudes que favorezcan la opción libre, llegado el momento, por el seguimiento de Jesús.

Estamos convencidos de que la evangelización no es la mera transmisión de contenidos, ni la exposición teórica de un conjunto de principios, razón por la que procuramos abrir un espacio con un determinado estilo de relaciones y actitudes en el que sea posible que la vida fluya y resulte contagiosa.

Por esa razón nos planteamos dos niveles de acciones pastorales, de forma general. Las que están destinadas a crear una sensibilidad, una cultura del amor fraterno, de la solidaridad, que llamaremos pastoral general. Y las que pretenden el anuncio explícito de la fe en Jesucristo y que llamaremos pastoral específica.

Se trata de una distinción que tendremos presente a la hora de programar las actividades en relación con cada uno de los objetivos.

Objetivo general

Adquirir un conocimiento y una experiencia de Dios que se traduzcan en un estilo de vida
concretado en unos valores y un compromiso de transformar el mundo
siguiendo el estilo de San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac.

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